Jardines de Kensington, por Rodrigo Fresán.

fresan

Durante el tiempo que viví en Buenos Aires me buscaba la vida con trabajos bastante dispares. Eso formaba parte de la magia. Entre ellos estaba el de niñera de noche de dos “angelitos” argentinos de 3 y 7 años. Los cuidaba las noches de los fines de semana en las que le tocaba al padre hacerse cargo de los chicos, pues compartía custodia con la madre. El hombre, que amaba a los chicos pero seguía siendo un eterno Peter Pan, un Forever Young de la vida, quedaba con los amigos viernes y sábados noche y, cumpliendo religiosamente nuestro trato, volvía a las cuatro en punto de la madrugada para que yo pudiera echarme a dormir unas 5 horas antes de irme a poner desayunos y almuerzos en un bar de una calle de San Telmo.rodrigo-fresan
Una noche, el padre llegó a casa un poco antes de la hora acoradada y se empeñó en que tomáramos la última —la más hermosa de las mentiras— en la cocina. Era un tipo muy simpático y acepté. Entre copa y copa empezamos a filosofar sobre los ideales juveniles y el choque con la realidad. Invocamos varias veces al pequeño Peter Pan. En una de estas, el hombre se acordó de un libro que había leído no hace mucho y lo buscó entre alcohólicos tropiezos con los muebles del salón para leerme un fragmento. El libro se titulaba Jardines de Kensington y lo había ecrito un tal Rodrigo Fresán. Combina dos historias en distintos tiempos. Por un lado revisa la vida de J. M. Barrie, el creador de Peter Pan con su extraña relación con los hermanos Lewelyn Davies como fondo. Por otro lado narra una noche de secuestro por parte de Peter Hook, celebre autor de novelas juveniles protagonizadas por el vampiro Jim Yang en la que Peter narra su propia historia familiar traumada por la muerte de su hermano y la lisérgica saga de sus padres en los Swinging Sixties. Sobra decir que desde ese momento no paré hasta encontrarlo. En mi caso, lo mandé a pedir en la Fnac del paseo Colón en Sevilla, de la Editorial De Bolsillo.

¿Qué fragmento me leyó para obsesionarme con la idea de tener este libro en mi humilde biblioteca? Os lo dejo por aquí, a ver si a alguien le pasa lo mismo que a mí al oírlo aquélla noche.

“¿Qué es lo que intento hacer? ¿Qué es lo que no podré hacer nunca? ¿Quién sabe? Una cosa está clara: hemos fracasado. Se supone que nosotros somos los Hijos de la revolución y las Hijas de Acuario. Se supone que somos los escogidos para cambiar el mundo tal y como se conoce hasta ahora… Mentira.
(…)
Pero hemos caido en la trampa…nos creímos los más sabios y acabamos siendo los más ingenuos. El stablishment nos tentó con la manzana del `ser diferentes´y nosotros la mordimos sin tener en cuenta los gusanos.
Así que nos vestimos de colores, cantamos nuevas canciones, destilamos el jugo de los paraísos artificiales y creamos nuestro propio universo… Justo lo que querían nuestros mayores. Los mismos que fingen preocupación y escándalo cuando hablan de nuestros hábitos anarquistas, nuestro amor por las drogas y la longitud de nuestras melenas cuando, en verdad, están felices de que así sea. Los cerebros confundidos son cerebros que no molestan. Qué paradoja: nuestra juventud inactiva no ha hecho más que prolongar la de ellos. Su juventud activa y gobernante. Nos hicimos a un lado, pensando que nos estábamos rebelando. Nos apartamos por propia voluntad en lugar de ofrecer resistencia y ocupar sus sitios. Lo intligente, lo verdaderamente efctivo hubiera sido combatirlos desde dentro, infiltrándonos en sus propias estructuras… Ahora, en cambio, es como si nos hubiéramos escapado al parque para jugar hasta el anochecer cuando descubrimos que, sorpresa, no tenemos la menos idea de cuál es el camino de regreso a casa. Hemos quemado el puente antes de acabar de cruzarlo. Renegamos del pasado sin haber tomado la precaución de pensar en el futuro. Así nos hemos convertido en una generación de parias que disfruta del pelo largo, la música india y del hedonismo de las comunas por el tiempo que dure el recreo. Hoy somos los insatisfechos niños perdidos y outsiders pero mañana seremos zombies ardiendo en LSD Made In USA, engendros radiactivos, ángeles derrotados de Lucifer… o lo que es peor: hippies. Malditos hippies. (…)”

One Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *