Evangelio Ocañí, Dios nos libre de la clase media.

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Esta canción es la historia de un mariquita andaluz a mediados de los 70 en Barcelona que se solía pasear por las Ramblas vestido de flamenca pero no llevaba ropa interior, entonces si veía un guardia civil, pum, se levantaba la falda, si veía una monja, se levantaba la falda, si veía, yo qué sé, lo que viera… si al final lo que el quería conseguir es que la gente dejara de estar triste, pintaba las vírgenes, decía que en Andalucía las vírgenes eran muy tristes, es verdad, siempre están dramáticas, las vírgenes del hijo doliente, y el las pintaba con castañuelas, con abanicos, con peinetas… y se disfrazó una vez de Sol, o sea, de bengala, en el carnaval de Cantillana, que era su pueblo, en Sevilla y se quemó. Y se murió. Y es un poco el romance que les voy a cantar”

Con estas hermosas palabras presentaba Carlos Cano el Romance a Ocaña, dentro del proyecto Cuaderno de Coplas, publicado en 1985.

No se habla mucho del pintor sevillano Ocaña, o, al menos, a mí me lo parece. Por eso creo que va siendo hora de dedicarle unas líneas. De rendirle mi pequeño homenaje.
José Pérez Ocaña. pintor, actor, experimentador, anarquista reconocido y activista del colectivo LGTB andaluz en una época en la que era bastante complicado ser homosexual, nace en Cantillana, Sevilla. Aunque han tenido que pasar más de 30 años de la muerte del artista (en 1983 en trágicas circunstancias) para que se inaugure el Museo Ocaña en su pueblo natal, del que Ocaña tuvo que emigrar más adelante debido a la intolerancia y la marginación a la que era sometido el colectivo homosexual.

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Creció en plena posguerra, tiempo de hambrunas, lo que le obligó a trabajar en el campo con su tío siendo todavía un niño y años más tarde fue pintor de los llamados de brocha gorda en su pueblo natal. Pero en ese entorno le faltaba el aire. Ya de pequeño se sintió atraído por otros chiquillos y amando descubrió la felicidad plena. Pero entonces llegó el cura del pueblo y le habló de algo que él desconocía, el pecado. Todo su entorno le fué cortando las alas, véase que corrían otras épocas y toda experiencia sexual lejana a lo políticamente establecido, quedaba fuera de la normalidad.
Estuvo en el servicio militar en Madrid, lo cual, a pesar de que pueda sonar raro, fué una bocanada de aire fresco. Pero corta, pues al poco fué internado en un manicomio de Sevilla. Ocaña se estaba ahogando. La Andalucía de aquéllas épocas no era su medio natural y a principio de los 70 se fue.
Su procedencia e historia personal quedan muy plasmadas en sus obras de arte plagadas de simbología y mensajes ocultos.

El autodidacta se deja influir por Matisse, Modigliani e, incluso, Chagall; pero siempre utilizando unas formas muy simples, sin artificio.

Ferviente admirador de la imaginería tradicional, amaba de forma fetichista simbología del cristianismo rancio, con la que se había criado. En una entrevista a Pere Pedrals, director y curador en la galería barcelonesa La Rosa del Vietnam (cuyo blog es un tesoro en cuanto al evangelio Ocañí) y organizador de la procesión Beata Ocaña, le preguntan sobre las creencias del artista y él responde:

“Él creía en sus fetiches, nada más, pero si hubiese sido religioso seguramente habría comulgado con el paganismo o, mejor dicho, con el neopaganismo. La Madre Tierra, el Sol, la Luna… Ocaña trabaja con la religión, pero mostrando el Ritual without Myth, que es el título de una de las últimas exposiciones que han incluido obra suya en el Royal College of Art de Londres.”

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Los que lo conocieron afirman que era una persona muy observadora, tenía fijación por el protocolo de la época, casi obsesionada con los ritos de la muerte, los entierros tradicionales. Él pintaba vígenes, entierros, procesiones, escenas de pueblos con un colorido y una alegría que era impropia de la imagen que el resto del mundo tenía sobre ese mundo tan cerrado y oscuro negro de luto.

“El velatorio”, uno de sus cuadros más conocidos, da buena cuenta de esta pasión. En él, Ocaña pintó el presagio de lo que imaginaba que sería su propio entierro. Curiosamente, en la obra aparece representado dos veces. Una, como el finado. Vestido de monaguillo y con sus características botas gallegas. Y otra, velándose a sí mismo vestido de flores, con un abanico, y, por si quedaban dudas, con las mismas botas. Los ángelitos, sus amigos y novios. El improvisado velatorio, su dormitorio de la Plaza Real en Barcelona. Las vistas desde la ventana: su pueblo. Cantillana.

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Como venimos contando, en los 70 Ocaña emigra Barcelona, cuna del progresismo por aquellas épocas complicadas para los seres libres. Se dice que Ocaña llenó de alegría la Rambla y la Plaza Real, donde aún se le recuerda.

Ocaña, al principio pintaba lo que tenía delante. Cantillana, jarrones, paisajes… Lo que fuera. Pero cuando llegó a Barcelona, empezó a incorporar todo el elenco de personajes del sur, ataviados por su imaginación infinita y sus recuerdos transformados desde la lejanía. Vírgenes, curas, ancianas de luto… Poco a poco, según Pere Pedrals, la marginalidad de su zona en la ciudad catalana fue modificando sus paisajes y empiezan a entrar en su obra tullidos, prostitutas, todos con sus respectivos ángeles de la guarda. Sello del artista.

“La pintura, para mí, es buscar en lo sencillo y en lo demás cosas maravillosas. Yo estoy con la búsqueda de nuevas cosas, pero me gustan las cosas que están llenas de vidas y no de muertos andantes, que hay muchos. El surrealismo es maravilloso, pero nadie hace nada nuevo. Ya el Bosco, en su época, era maravilloso, pero los modernos no inventaron nada nuevo, la historia se repite, todos nos repetimos y todos somos mierda, lo que pasa es que hay mierda que fermenta y mierda que queda seca.” (Fragmento de uno de los cuadernos del artista)

Él era un personaje típico de esa zona, donde se travestía, cantaba, bailaba, pintaba, con esa mezcla de tradición y trasgresión que le caracteriza y por la que será eternamente recordado. Fueron años duros pero pronto se hizo un hueco y empezó a organizar exposiciones, teatrillos… Se dice que pintó más de 500 obras. Vivía rodeado de aquellos que le entendían. Allí conoció a grandes artistas que más tarde llorarían su muerte y homenajearían eternamente al jóven artista libre. Como Ventura Pons, quien le hizo un documental en el 78 llamado “Retrato Intermitente”.
Fue su época dorada en la que junto a los artistas Camilo y Nazario, los tres paisanos que fueron un día hacia Barcelona para despertar a golpe de pintura, abanicos y maquillaje a un país que todavía seguía inmerso en el letargo en blanco y  negro del régimen franquista….

“Mientras otros intrigaban, manipulaban y se destrozaban buscando acomodo junto al nuevo poder -dejó escrito Nazario-, nosotros nos dedicábamos a pasarlo bien. Bebíamos, ocupábamos la calle, follábamos… Pero, además, buscábamos nuevas formas de expresión, nuevas músicas, nuevas revistas, nuevo cine”…

Ocaña murió como vivió. Vestido de luz.

Era el año 1983, Ocaña, como en muchas otras ocasiones estaba de visita en su pueblo natal para las fiestas del carnaval. Él mismo confeccionó un disfraz de Sol, con papel, tela y bengalas. Error fatal. Pues una de las bengalas prendió el traje, y el jóven artista, que contaba 36 años sufrió quemaduras mortales.
Fuentes familiares alegaron que Ocaña sufría de hepatitis, por lo que toda su recuperación se complicó demasiado, quitándole la vida un 18 de septiembre. Una semana después del fatal accidente.

LRDV - OCAÑA - FOTO - EL SOL DE CANTILLANA (01)

“¿Qué es arte? Eso a veces me lo pregunto. Hay quien dice que el arte no existe, pero esto es cosa de pedantes y gentes que lo saben todo. Yo me quedo en el pueblo y sus costumbres, en las calles, en esas fiestas tan hermosas, en los jazmines de su pelo y en esas viejas sentadas en las sillas que parecen filósofas en las puertas de sus casas, blancas y con tejas morunas. Para mí, arte es todo eso y mucho pero mucho más. Es lo sencillo, no lo rebuscado. Yo creo que cuando las gentes empiezan a verle los tres pies al gato es que están aburridos siempre haciendo cosas extrañas.”

Ocaña. Eterno Ocaña. Como dijo Carlos Cano en el romance que abre este artículo… Dios te libre de la clase media. Te libre de la mediocridad. Te libre del gris.

“La gloriosa asunción de Ocaña al Reino de los Chulos”, obra de Nazario para despedir a Ocaña.

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