Tolo Parra: “Si quieres ser un buen fotógrafo cómprate un buen par de zapatos”.

tolo_parra

Foto cabecera: Miguel Jiménez

 

Tolo Parra me cita en un bar cercano a la Macarena. Llega temprano. Empezamos a charlar, sobre analógico, digital, medio formato, viajes, Sevilla (su tierra), Cádiz (la mía), me recomienda algunos lugares que desconocía…

Habla de manera muy pausada, casi susurrando. Cuando me doy cuenta, la entrevista ya ha empezado sin avisar, casi sin mí.
Y a toda prisa enciendo la grabadora y me levanto a por otras dos cervezas.

¿Te diviertes con lo que haces?

No es que sea divertido, es mucho más intenso. A mí personalmente la fotografía me ha separado de todo lo que podemos considerar como habitual y a la vez me ha unido a la forma de vida que siempre deseé, me ha servido como una brújula, un catalizador.

Para responderte en una frase, la fotografía no es que sea mi trabajo. Un trabajo se disfruta o no se disfruta. La fotografía artística es mi vida y como toda vida, al margen de disfrutarla, que también, tiene momentos duros.

¿Cómo se forja tu mirada actual?

En ese tránsito hasta dedicarte íntegramente a la fotografía dejas de lado cosas y te conviertes en un tipo raro para el resto, en una persona peculiar, con unas metas y unas miras, llamémosle, no comunes. Te conviertes en un desarraigado de lo cotidiano. Pero ya te digo, la apuesta fue firme desde el principio.
Aparte es una apuesta personal, yo siempre he intentado ser fiel a lo que pensaba, a mi propio estilo y a mi propia forma de verlo todo. Puede ser porque cuando era niño no había medios que posibilitaran el acceso a la difusión y a la cultura fotográfica. Lo más elitista que teníamos era la revista Foto, esa revista de fotos de bodas, retratos, postales de playa y contrapicados a la Torre Eiffel…
Yo no estaba interesado en eso, me aburría y a Sevilla no llegaban muchas otras influencias en esa época.
Seguí mi camino y cuando accedí a mi formación académica, llegó Internet y tuve independencia económica como para comprar libros, revistas… yo ya tenía mi mirada desarrollada y eso no se puede ni se debe cambiar, posteriormente me seguí desarrollando pero las bases ya estaban construidas. Creo que ir a la moda es una chorrada. Tiene fecha de caducidad.

¿Qué hubieras sido de no ser fotógrafo?

He nacido en el tiempo en el que he nacido y en el momento de la fotografía en el que he nacido, eso es algo que no puedo cambiar ni volverá a ocurrir. Tuve mi ciclo como fotoperiodista, pero tras 13 años me decepcioné de él. Yo no creo que las profesiones lleguen por casualidad a las personas. Son las personas las que eligen su profesión y yo hubiera sido fotógrafo.

No puedo imaginarme con mi manera de ser, viviendo de otra forma. O quizá sí, y  hubiera sido un fontanero muy raro. O un vendedor de camisas muy extravagante y de mirada perdida. (ríe)
Lo habría hecho igualmente con la misma esencia. Dejando fluir los motores que me mueven ahora. Habría sido algo similar.

tolo_parra


Entiendo con esto que con tus fotos canalizas tu manera de ser.

Yo utilizo la fotografía como vía de expresión, claro. Como vía de expresión natural.

Desde pequeño me he sentido un tanto particular. Tenía muchas inquietudes no tan propias de un niño de mi edad. Cogía la bici y me iba a los descampados que estaban llenos de gente muy interesante, gente propia de la Sevilla pre-expo. Si hubieras conocido la Sevilla pre-expo…era maravillosa. Para mí esa es la verdadera Sevilla, lo que vino tras la Expo92 es otra cosa.

Con esto, al fotografiar hoy en día,  lo hago con mucha añoranza de aquello que yo conocí. Mi fotografía no es más que un gesto de vuelta al útero, como diría Jung. La vuelta a dónde se desarrolla mi infancia, una búsqueda constante de aquélla pureza, de aquellos paisajes que aún estaban por transformarse en lo que son hoy.

Siempre me ha dado la impresión que tu fotografía es una patada en el c**lo  a lo que entendemos por no-lugares. 

Total.
Igualmente para mí los no lugares son simplemente una etiqueta. Es una moda, y como toda moda tiene los pies muy cortos y acaba tropezando. Ya existen los no-bares, los no-libros aunque es algo que afortunadamente va desapareciendo, en mi opinión un abuso de un concepto antropológico que nada tiene que ver con todo lo que en realidad es… En realidad ha sido una expresión mal utilizada desde que se retomaron los escritos de Marc Augè. Se ha convertido en una palabreja, una treta para ser aceptado dentro de un círculo, lo mismo que emergente. Igual. Solo que la palabra emergente es un concepto más amplio y nadie puede señalar dónde está el límite, en las ferias catalogadas de emergentes acuden autores de cincuenta y tantos, es una pura contradicción. Pero son palabras y conceptos de moda que son fácilmente desmontables.
La cosa es que me han preguntado alguna vez sobre cómo definiría mi forma de ver el paisaje y  he terminado reflexionando: ¿Qué hago yo?  Pues he llegado a la conclusión de que es paisajísmo existencial o paisaje existencial. Que no es más que una forma de comulgar con una determinada parte de mi entorno, que son las fronteras, los limites, las periferias. Yo soy fotógrafo de fronteras y límites periféricos. No de ciudades.
Las ciudades son cárceles humanas donde el ser desde bien pequeño se ve obligado a seguir unas líneas impuestas. Tendencias en definitiva. Desde la antigüedad ha sido en la periferia donde se ha librado esa lucha continua del hombre que se resiste a entrar por el aro. Para mí es romántica la periferia, las fronteras. La vida a bocanadas.

¿Nunca fotografías urbes?

No me llama. No encuentro la misma magia que en las periferias. Romanticismo, melancolía, el hombre enfrentado a su destino. Existe un componente de fiereza silenciosa en las periferias y las fronteras. Tendemos a creer que el romanticismo es solo un periodo cultural y artístico, pero nos equivocamos. El hombre ha sido romántico desde que se baja del árbol, sigue siéndolo ahora y lo seguirá siendo, es su naturaleza, su condición.

¿Dónde quedan las personas en tu fotográfía?

En mi fotografía la falta de personas se da porque un paisaje (ya urbanizado o mixto es decir, en vía de ser urbanizado o abandonado tras ser habitado ) no es más que un cúmulo de reflejos de la sociedad, de las personas que han actuado con él. Entiendo que la persona ya está fotografiada, está sublimada en el paisaje que ha construido. Al menos queda fotografiada su huella.

En España no nos hemos tomado nunca en serio el tema del paisaje. Y mira que somos un país de paisajes preciosos, pero tenemos la mala costumbre de no preocuparnos por la estética de nuestro entorno. Construimos y construimos (o más bien destruimos y destruimos). Una rotonda, un hospital, hoteles, unifamiliares… No respetamos la estética, la historia de nuestro paisaje.
Los portugueses sí lo respetan, son un ejemplo con su saudade. Comulgan con el paisaje como identidad propia. Por eso lo respetan, saben que el paisaje son ellos y ellos son y las generaciones venideras serán como sus paisajes. Hay lugares que están como hace tres siglos. Tienen esa mentalidad. Se resisten a la invasión del capital, de la abrumadora avalancha que sufrimos de cemento, ángulos arriesgados y tendencias.

¿Cuál es tu proceso?

La verdad es que no salgo expresamente a buscar lugares. La localización forma parte de mi vida, de forma natural. He eliminado de mi vida todo lo que me distraía de mis pensamientos, como el fotoperiodismo. Todo lo que no me dejaba dedicarme de lleno a lo que me interesaba de forma natural, y por eso no tengo la necesidad de estar continuamente desconectando de ninguna rutina para ir a buscar un lugar donde luego tomar fotos. Estoy en constante ejercicio visual. Ese es mi leitmotiv.

Para mí la fotografía se nutre de dos componentes esenciales.

Uno es la soledad. Necesito estar solo. Pensar, pasear, volver atrás, pararme, mirar, volver a caminar. Ese clic al hacer la fotografía es personal e intransferible.

Y el otro es el viaje. Es mi concepción del viaje como metáfora de la vida y mi fotografía, obviamente, se nutre mucho de ese viaje. De ese descubrimiento. Se trata de una especie de proceso colonizador. Voy “colonizando sitios”, voy descubriendo nuevos territorios, a veces no tomo la fotografía en ese mismo momento, pero anoto el lugar, o tomo la imagen con el móvil para después volver, o no tomo la fotografía para retenerla para siempre. Tengo el móvil cargado de fotografías solo para acordarme de los lugares.
Viajo sin la intención de fotografiar, sin la intención de llevarme nada. Debes dejarte llevar y las mismas imágenes te cogen de la solapa y te dirán…. “¡aquí!”

image tolo_1

Un fotógrafo.

Como te dije antes no tuve la fortuna de vivir rodeado de influencias y no tenía a mano lo que se estaba haciendo en España, no soy mucho de gurús, no soy muy fetichista. Cuando lo tuve a mano mi mirada ya había fraguado sus pilares de forma natural.

Obviamente tengo referentes y admiro el trabajo de muchos autores. Sin duda Willian Eggleston. No podría no nombrarlo. Fue pionero del color usándolo con un criterio que en esa época era inválido.
He leído las cartas que le enviaba Cartier Bresson en las que le decía… “no sigas con el color, estás estropeando tu mirada.” En esa época el color no era considerado como un soporte artístico. Pero Eggleston tuvo su propio criterio, fue valiente, fiel a su mirada y luchó concienzudamente. Fue el primer fotógrafo que introdujo color en el MOMA. La suya es una fotografía sobre la huella. En ese tempus fugit, esa fuga constante de la memoria que se libra en las periferias.

Si tuviera que nombrar un fotógrafo, sería él sin duda.

Hablando de Bresson. ¿Tú crees en ese momento decisivo? 

La fotografía en sí es un momento decisivo, es la naturaleza del medio. Quizá para una foto documental sí es importante esperar esa acción definitiva, ese gesto, pero mi foto es más antropológica, más contemplativa, para mí cada fotografía fue hecha, ni más ni menos que en su momento decisivo. No habría otra igual.

¿Se puede vivir de la fotografía?

Claro que se puede vivir de ella y con ella. Sí es verdad que cada vez es más complicado por varios factores. Nunca fue fácil vivir de cualquier tipo de arte, ojo.

Una de las cosas claras que debe tener el que se quiera dedicar a algún tipo de arte es que esto es una especie de celibato, de ordenamiento. No es que no se vaya a hacer rico, es que con toda probabilidad vivirá en la más absoluta de las ruinas. (yo me río por la broma, Tolo no)

No. En serio. Se puede malvivir muy bien de esto. Lo importante es tener muy claro qué es lo que quieres, qué es lo que necesitas e ir a por ello. Después debes buscar una manera de vivir que te permita poder seguir desarrollando tu meta creativa y si esta está vinculada a ella pues aún mejor.

Es una cuestión puramente orgánica, cuando desarrollas tareas creativas trabajas con tu lóbulo frontal derecho y cuando desarrollamos tareas más lógicas con el izquierdo, pasar constantemente de uno a otro modo de trabajo es francamente complicado y agotador, es conveniente en la medida de lo posible aunar e intentar obtener la productividad económica de nuestra faceta creativa. Las interconexiones entre uno y otro modo de trabajo como digo son muy peligrosas. Ahí se puede perder la esencia de una foto, de una serie, de una carrera incluso de un fotógrafo.

Te refieres al empezar a trabajar pensando en el dinero.

Efectivamente.

Me refiero a cuando tienes que dejar de pensar en lo que te da dinero para empezar a pensar en lo que te da satisfacción artística o personal. Y viceversa.

Es imposible. O al menos yo no puedo hacerlo. Por eso entre otros motivos abandoné el fotoperiodismo. Yo no me puedo quejar, como fotoperiodista no viví mal. Desde muy joven arriesgué, salí fuera y tuve claro que quería estar con una cámara en la mano y me daba igual haciendo qué. Pero te das cuenta con el paso del tiempo que eso no te suma si lo que quieres es centrarte en tu faceta artística. Te resta. Te resta concentración y foco. Te resta quietud, paz, te quita ese divagar, estar en el momento y el lugar donde debes estar para empezar una serie. Necesitas una vida que no es compatible con muchas otras cosas.

¿Perdiste la fe en el fotoperiodismo?

Para mi el mayor señuelo que me puso el fotoperiodismo fue poder dualizar mi pasión que era la fotografía como un modo de vida.

Tenía acceso a muchísimas cámaras que normalmente no podía comprar. Imagínate, eso fue maravilloso. Yo llegaba al Diario de Sevilla y teníamos en un cajón, carretes, cámaras y objetivos yo mismo elegía con qué trabajaría ese día. Era fantástico.

20, 21, 22, 23, 24, 25 años… También te digo una cosa, todo esto ha cambiado mucho. Cuando yo empecé podemos decir que estaba muriendo la grandeza del fotoperiodismo. Pero no llegué a decepcionarme, todo lo contrario.

Hoy en día es complicado. Cada vez es más minoritaria la lectura de diarios de papel y pienso que terminará extinguiéndose o recluyéndose en un plano elitista y atípico en las formulas de información. El papel ha muerto. Tenemos más información de la que podemos asimilar y por eso vivimos en una sociedad desinformada que cree realmente que está informada. Esto es una daga que no nos vamos a poder sacar y que está causando unas consecuencias devastadoras, tanto políticas como socioculturales.

Vivimos en un scroll constante de imagenes. Producimos más de 12 millones diarios de imágenes, no tenemos tiempo de comprenderlas. Así no hay manera ni de estar informados ni, por ejemplo en mi campo actual, legitimar conde está el verdadero talento. Es complejo.

¿Nos dejamos llevar por la palabra emergente? ¿Cree que esto trae como consecuencia la desvirtualización del arte?

La típica instantánea de teenagers, adolescentes “desfasados“, con sus fiestas, sus tatuajes, sus hazañas… ¿Qué trasfondo tiene todo esto? Quizá en un momento dado es la representación de una generación, una segunda escuela de Boston pero ya sin el cambio drástico e influencia que esta impuso. Por lo tanto ya está, nada nuevo, ninguna novedad. Todo el mundo se cree con autoridad suficente como para considerarse un talento emergente guiado por los likes de sus imágenes. Hemos llegado a un momento en el todo es la copia, de la copia, de la copia, de la copia, de la copia, de la copia… Abre el Tumblr, el Flickr o el Facebook, verás millones de fotos de piñas, personas de espaldas, labios pintados de cián o personajes con caretas de caballo en situaciones de semi rigor mortis. Todas serán igual, hijas de un mismo patrón. El ojo del gran hermano de Orwell se ha convertido en nuestros sofisticados y resplandecientes monitores y está secuestrando nuestra mirada y lo peor es que pagamos por ello, damos la vida si hace falta por una manzanita mordida que sacar a pasear…

Estamos en un momento crítico y muy decisivo. Se están terminando los temas que contar y hay que reinventarse, no queda otra, el formato se agota.

A lo largo de la historia se ha desarrollado un mano a mano entre el pictorialismo y la fotografía documental… Se agota uno y renace el otro. Esas piñas y esas imágenes de cabezas de espaldas se me antojan una especie de nuevo pictorialismo que remeda tendencias pictóricas contemporáneas.

El problema de lo emergente existe porque sin querer se está creando una cárcel en la que si no haces ésto estás fuera. Porque las RRSS y las nuevas comunicaciones nos hacen productos. El fotógrafo hoy busca la aceptación sin más. Queremos gustarle a todo el mundo, por eso no avanzamos.  ¡Qué mala idea es querer gustarle a todo el mundo!
Confía en tu mirada, es única, crea con ella y nacerá tu propia identidad y tu propio audiencia, aunque sea minoritaria, solo podrá ser tuya.

Ocurre que el mundo se mueve por modas y una moda dura unos 5-10 años, cuando pase este tiempo, ¿vas a cambiar de nuevo por completo tu registro? ¡No se puede estar toda la vida cambiando de registro para gustarle a todo el mundo! Pierdes tu esencia, te conviertes en un producto, entonces. Por ejemplo un fotógrafo de los recientemente enmarcados bajo el sello de emergente, cuando pase la moda,  ¿acabará su mirada, su camino?. La mayor parte de las veces no se llega a consagrar una mirada por la prisa y la necesidad del ahora y el ya, y nos estamos creando muchas frustraciones innecesarias a cuenta de esto. En definitiva, creo que la fotografía necesita cambiar su discurso una vez más, volver a sorprender, a ser motor de su tiempo. El discurso en el que se ha instalado, parece que no funciona,  no innovamos, no avanzamos. Cuando pase un siglo seremos estudiados como una época en la que del documentalismo más cerrado nos llevó a un conceptualismo, a una determinada vanguardia que se apuró al máximo, se agotó y ahora la batalla está precisamente en sobrepasarlo, en dar el siguiente paso hacia lo que vendrá. Debemos sobrepasarlo. Dar un paso más.

TOLO_3

Respecto a la democratización de las artes, ¿Apocalíptico o integrado?

(ríe) Yo creo que, en fotografía, la democratización es maravillosa. Ha abierto el medio a todo el mundo, lo ha incorporado a todos los niveles… Lo que quizá sí es verdad, es que este mismo hecho está condicionando mucho a que todo el mundo, para pertenecer al mismo colectivo, haga lo mismo de una manera mecánica y poco pasional e intelectual. Para ser aceptado.
Yo creo que eso es un veneno enorme a la hora de dar el paso del que hablábamos antes, la consciencia de porque y para qué hacemos lo que hacemos.

¿Y tú que piensas hacer?

Lo mismo que hacía en los 80, cuando era un crío y salía con la bici, disfrutar.

¿Si tu hija te dijera quiero ser fotógrafa?

Ya me lo ha dicho… y bien… también habrá que ver el desarrollo, explicarle todo muy bien, crear consciencia en ella… (silencio)

Hay una carta, de Sergio Larrain que yo siempre le paso a mis alumnos. Te la voy a pasar para que la leas (y cumplió su promesa, aquí la puedes leer).
Su sobrino le confiesa que quiere ser fotógrafo y él le contesta algo precioso… Algo así como: “sé tú mismo, sé feliz con lo que haces desde que te levantas hasta que te acuestas.” Esto es más complicado de lo que parece. Hay que ser puro con uno mismo.

¿Debe aprender antes técnica o aprender a comunicarse?

La fotografía es patear, preguntar, conocer gente, descubirir, preguntarse. Yo creo que es un brazo accesorio que le ha crecido al humanismo. No es más que la aplicación de una técnica para narrar lo que rodea al ser humano desde su interior hasta el infinito. La fotografía es una fórmula más de literatura. De hecho hay literatos a los que en su tiempo no les correspondió la fotografía, o no fue tan accesible como puede serlo hoy, pero en los que yo veo un gran fotógrafo. Por ejemplo Pessoa. Me hubiera encantado ver las fotografías que habría hecho Pessoa.

El fotógrafo no es un ser con una cámara, es el ser que ve, que contempla, que medita, que razona, que en definitiva se emociona.

Luego aprende toda la técnica posible, aprende su historia sus corrientes, aprende, si quieres, a retocar, aprende lo que quieras, pero antes aprende a ver.

En fin, si alguien me pidiera opinión le diría, si quieres ser un buen fotógrafo cómprate un buen par de zapatos. Apuesta por una vida intensa y sé siempre fiel, a poder ser a tí mismo.

Conoce más sobre el trabajo de Tolo Parra en su página web.

 

tolo_parra5

 

 

One Comment

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *