El Orgullo LGTB de Sevilla y la vergüenza ajena.

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Ataque homófobo a una muestra fotográfica en Sevilla con motivo del día del Orgullo LGTB.

Yo no nací Sevilla sino en Cádiz. Esa ciudad comúnmente conocida como la cuna de las putas y los maricones por cuestiones históricas que a mí, hoy por hoy, me parecen incluso divertidas. Por cuestiones prácticas llevo varios años viviendo en Sevilla. Siempre he sentido una especie de amor por esta ciuidad que se torna en odio profundo algunas veces al año.
Pero esto, Sevilla, no me lo esperaba.

El miércoles pasado acontecía en la avenida de la Constitución, con motivo de la celebración de la fiesta del Orgullo LGTB, la inauguración de una muestra fotográfica en plena calle con imágenes de la celebración del Orgullo LGTB del año anterior. Fotografías hermosas, de paso sea dicho. Toda una declaración de intenciones por parte de aquellos que en el Ayuntamiento de Sevilla están a favor de normalizar algo que es normal.

Pero Sevilla, a veces me dueles tanto…

Resulta que el portavoz adjunto del PP en el Ayuntamiento, Gregorio Serrano, tachó la muestra de obscena y solicitó al socialista Espadas la retirada de la misma. Este personaje llegó a declarar que el colegtivo LGTB sevillano se podría sentir degradado con la muestra.
¿Degradado?
Obviamente la Plataforma 28J de Sevilla, compuesta por la entidades Fundación Triángulo, Defrente, Acción Diversa, Adriano Antinoo, organizadora del ‘Orgullo de Andalucía’, ha afirmado que la exposición “no les degrada sino que les dignifica
Pero la historia no quedó ahí. Los representantes de VOX han formulado una queja ante el Defensor del Menor asegurando que las imágenes «ofenden y lesionan la moral de quienes no comparten la ideología homosexualista». Si señor. Ideología homosexualista. Como si la tendencia sexual y los gustos íntimos de cada uno formara parte de una ideología.
Por otro lado, hoy leía en la plataforma Seviocio que el PP se reitera en su opinión y tras las críticas recibidas por el resto de partidos políticos a los que tilda de antidemocráticos por no dejar que el Partido Popular formule sus opiniones —homófobas— abiertamente.

Todo esto hubiera quedado en una broma de mal gusto por parte de los partidos políticos si no fuera porque una de las imágenes —concretamente la del fotógrafo Selu Pérez— amaneció con una pintada que rezaba: “Lo siguiente será un póster de un tío dándole por culo a otro. Total, también es amor homosexual. En fin…
Vaya. Un espontáneo no político que, además de educado, es muy tolerante.

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No es el primer suceso del año con esta orientación. En febrero  una pandilla que celebraba un cumpleaños entre los que se encontraban dos chicos homosexuales, fue expulsados de la discoteca Antique Theatre entre escupitajos, empujones y al grito de “maricones de mierda”. Ataque que fue prácticamente ignorado por las fuerzas de seguridad sevillanas.

Sevilla, cómo me dueles a veces…

Yo era una de esas personas que se jactaban de vivir en una ciudad tolerante y avanzada en cuestiones de género y sexualidad. De hecho en mi día a día puedo ver con emoción cómo la cosa ha evolucionado y, de buena tinta, puedo decir que gran parte del colectivo LGTB estaría de acuerdo —más o menos— con esta afirmación. Pero, cuando creemos que el camino está recorrido, la vida se encarga de recordarnos que aún hay mucho por hacer. Que no debemos dormirnos en los laureles de la comodidad de que existan bares llamados de ambiente en el centro de Sevilla y que —casi exclusivamente en esa zona— esté estupendamente visto que dos chicos o dos chicas se besen en la calle, o que una persona nacida chico vaya vestida con ropa de mujer, o viceversa.

Amigos, por desgracia, aún queda mucho por hacer.

homo22Mientras todavía están calientes los cuerpos de los más de 50 muertos en el atentado del club Pulse, en Orlando, da miedo ver estos signos de intolerancia en un lugar como Sevilla, en el que asociaciones como Acción Diversa, Adriano Antinoo, DeFrente Sevilla, Deportiva LGTB del Sur, Fundación Triángulo Andalucía o Colega Sevilla han luchado con uñas y dientes por la normalización y por el cumplimiento de los derechos del colectivo LGTB.
Da miedo, si, pero sobre todo da vergüenza ajena.
Que sepan estas intolerantes momias que son los menos. Si señor, los menos. Que han quedado fuera del juego porque en realidad a nadie le importa su opinión, porque nadie la ha pedido. Porque no es cuestión de ideología. Da igual ser comunista, socialista o neoliberal. Es cuestión de inteligencia y de cultura. Sobre todo de ésta última, que tanto escasea en algunos sectores de la sociedad.

Menos mal que Sevilla tiene el poder de volver a convencerme. Poco después de conocerse la noticia, los muros de Facebook —es decir, de los muros mis contactos de Facebook—se llenaron de mensajes de apoyo al colectivo LGTB y a los fotógrafos. Los diarios no tardaron en hacerse eco y la fiesta del día del Orgullo LGTB ha durado como una boda gitana, 3 días de jaleo y celebración. Obviamente la exposición sigue ocupando la avenida de la Catedral de Sevilla e incluso en el Espacio Santa Clara podemos asistir a una Muestra de 25 dibujantes sevillanos que ilustran el movimiento por los derechos LGTB.
Para aquéllos que digan que el día del Orgullo no es necesario en los tiempos que corren, les recomendamos desde aquí que comparen los sucesos de Orlando con los ocurridos en StoneWall en 1969 y que dieron lugar a la primera manifestación del colectivo en EEUU.
Para aquéllos que digan que ya está todo hecho recomendamos que se pongan en el lugar de una persona, que sabe que en algunos países matan a personas con su tendencia sexual y que, en otros países, sus gustos sexuales están penados por la ley. Que se pongan en el lugar de la persona que ve como 4 energúmenos y un partido político en su ciudad tildan de OBSCENO y de MAL GUSTO una fotografía de algo que forma parte de su día a día.
Orgullo de Sevilla. Vergüenza ajena.

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