MAGAZINE CULTURAL INDEPENDIENTE PARA MENTES HAMBRIENTAS

Antonio Hernando: «Se rechaza al anciano, a la cultura popular, a lo que perdura, a lo no digital».


Juglar itinerante. Salió de Jaén y se fue a Madrid con su guitarra y su capacidad única para retratar a la sociedad desde su prisma. De ahí, a todas partes. Antonio Hernando canta historias escondidas en los rincones menos iluminados del mundo. Lo que encuentra en un punto de la geografía se lo lleva a otro, redistribuyendo lo que pasa. Conectando ciudades y sus
personajes y vidas comunes a todas. Este retratista de la almas errantes como él mismo acaba de publicar El viaje infinito, un título que no puede describir mejor su forma de vivir.
En su gira recaló en Sevilla para contarle al público de la Señora Pop a través de sus canciones y este medio ese subuniverso tan suyo. Tan oscuro. Tan esclarecedor. Sus canciones viven a través de su día a día y por eso, esta entrevista lo hace a través de sus diez últimas canciones.


¿Está el músico ‘obligado’ a «ser de cualquier sitio y de ninguno»?  [UTREIA]

Sin duda el músico está obligado a escuchar, palpar y ver todo lo que hay a su alrededor y no solo en su zona visual. La figura del trovador debería estar intrínseca en el alma del escritor de canciones. Somos errantes e itinerantes, que vagamos llevando en los labios nuestras propias
canciones para que lleguen al mayor número de personas posibles. Por eso hemos de deambular y mezclarnos con las diferentes culturas, con las diferentes perspectivas, historias diversas y a la vez similares de un pasado común, de un origen parecido, de una motivación idéntica. Creo en las raíces y en la búsqueda de estas historias. Me he sentido en casa a muchos
kilómetros de la mía, y he sentido nostalgia de pueblos en los que no se hablaba mi idioma. Creo en las personas puras y auténticas y en la riqueza e intercambio entre ellas.

¿La música es uno de esos riesgos que hay que correr en la vida? ¿Te ha tocado sufrir por ello? [KAPSOURA]

Sinceramente, no sé hasta qué punto he elegido yo este tipo de vida o como se dice, ella me ha elegido a mí. Lo cierto es que no me imagino un tipo de vida alternativo. Necesito del viaje y la carretera, solo me siento pleno encima de un escenario. Para una persona, para dos, para veinte, para doscientas, o para ninguna. Estar en gira constante me crea el estímulo y me retroalimenta para escribir nuevas canciones, canciones que grabar en un nuevo álbum y con el que volver a salir de gira con un nuevo show. Soy incapaz de quedarme en casa esperando oportunidades. Prefiero salir a buscarlas, aunque me lleve muchos golpes en ese impulso.


¿Tiene más de remedio o de picadura de arácnido? [LA TARÁNTULA]

Todo tiene doble filo, imagino. A día de hoy, con todo el bagaje de lo aprendido en diferentes proyectos, bandas y ciudades, sin duda tiene más de remedio, incluso de cura. También es un planteamiento diferente y más realista. Aquí lo que importan son las canciones, y mi oficio es el de intentar escribir las mejores, y las que salven a alguien en una escucha inesperada. Eso de los yates y las limusinas se lo dejo a otros.


Embarcarte en una gira autofinanciada por medio mundo, Nueva York incluido, ¿es perderle el miedo a los molinos y el respeto a los gigantes? [LUCIÉRNAGAS]

Es ser un Quijote cuerdo en medio de un mundo de locos. Aunque el que se salte la norma se lleve la etiqueta. Acabo de sacar un nuevo disco, confío en estas nuevas canciones, y siento la necesidad vital de llevarlas a cualquier pueblo o ciudad en donde haya un rincón con gente dispuesta a escuchar. ¿Qué o quién me lo impide?  Desde luego nada ni nadie.

No tengo ningún contrato. Los peores molinos y gigantes están en nuestra vida diaria. El miedo a fracasar, a las altas expectativas, a los imprevistos, a la ausencia de público, a una autoestima dañada. Yo tengo un objetivo, unas ganas, y una forma de vida y pensamiento que, de momento, me mantienen más que vivo.


Vivir de la música es tu forma de «vivir junto a los tuaregs» contra la celeridad e «inmediaez» de un trabajo y una vida con horarios estrictos, plazos y prisas? [TUAREG]

La canción “Tuareg” habla sin duda de ese rechazo a la inmediatez y a los horarios, pero intenta ir más allá. Es un rechazo a cómo vivimos, casi sin poner los pies en la tierra. La distópica visión del mundo inmersos en nuestras pantallas y teléfonos móviles, incapaces de relacionarnos sin ellos, informándonos de lo que pasa a través de noticias no contrastadas, en un entramado de redes sociales en los que acabamos con unos principios que se tambalean por la falta de
conocimiento y madurez. Se rechaza al anciano, a la cultura popular, a lo que perdura, a lo no digital. Y acabamos viendo a la Gioconda desde nuestra pantalla del móvil en vez de detenernos
sin prisa a admirar su pintura, sus formas o sus colores.
Hay ansias de enseñar y demostrar, sin haber tenido el tiempo suficiente a aprender y degustar. Creo que es más este tipo de vida de pose y filtro lo que me disgusta más que un horario o un trabajo. Dedícate a lo que te gusta y no trabajarás ni un día de tu vida. No será tortuoso.
Otra cosa es hacer lo que no quieres. Esa es otra historia. Pero en este punto podríamos tirarnos toda la entrevista. Yo por mi parte, intento vivir de la música, y llevar mis canciones a donde me dejen. Y así soy feliz. Y tampoco tengo prisa. Creo en la importancia del camino más que en la meta.
Ya le dijo Kavafis a Ulises aquello de que disfrutara de su particular odisea, ya que Ítaca podría ser decepcionante a la llegada.


En un concierto el público se deja «encantar y relajar por el embrujo del músico». ¿Es posible sentirse curandero dedicado a un ámbito tan afectado de la salud como la cultura? [EL CURANDERO]

Por supuesto. La música no solo cura, sino que salva. No podría imaginar ni uno de los momentos de mi vida sin una canción de fondo. Hay canciones que me han salvado, y canciones que han cambiado el rumbo de la historia. La influencia de una canción es la mayor de universo.
Capaz de cambiar la forma de pensar de una generación completa.

“Blowin’ in the wind”, la invasión británica, la llegada del punk. Eso es el poder de la música. Lamentablemente encontrar
canciones y autores de calidad, sin estar contaminados, es difícil. La buena música, la creada de corazón y de verdad y sin fines comerciales, es minoritaria.
Solo hay que poner la radio o un canal de música. Vídeos insinuantes, ritmos machacones, letras que insultan a la mente. Pero si se rasca y se sabe buscar, hay muy buena calidad por ahí. Siempre habrá quien te ponga la piel de gallina con un acorde. Esas y esos son los curanderos, ahí están. Pocos, pero puros.

Pregunta obligada. ¿Isamel recomienda a los «grumetes, ojo avizor»? [LLAMADME ISMAEL]

Ja, ja, ja. Claro, Ismael sobrevivió al gran leviatán. Sabe de sobra dónde está lo bueno. Ojo Avizor y medios así, que dan voz a los que no solemos tenerla, son para crearles un monumento. Y más
con preguntas de este calibre. Así da gusto hablar de música.

Deberiamos vivir todos sin creer que hay «causas perdidas y sin cadenas de la vida? [ERRANTE]

Deberíamos vivir más fácil y más felices. Deberíamos ser sinceros y honestos, con nosotros
mismos y con el prójimo. Con nuestras parejas y amigos. Deberíamos quitarle hierro a la mayoría de asuntos de la vida que no lo tienen. Quiero decir, y pongo de ejemplo “Pasaportes y
dialectos”, la canción que cierra el disco. Cuando todos nosotros seamos viejitos, arrugados y encorvados, y echemos atrás la memoria y los buenos momentos…te puedo asegurar que van a
ser los mismos para casi todos, independientemente de color, raza, país o lo que sea. Un atardecer, un beso a la mañana, la sonrisa de un hijo, la nana de nuestra madre, un abrazo entre
amigos. El resto no perdura, no es importante. Podríamos pasar sin toda esa parafernalia de salarios, envidias, relaciones insulsas y zonas de confort. Y curiosamente, esos recuerdos, son los
mismos que podía haber tenido nuestro abuelo o bisabuelo. La tecnología hace la vida más fácil, pero el ser humano es adicto al lujo innecesario. Muchas veces estas “cadenas de la vida” no
son más que dependencias autoimpuestas para no salirse del guión de vida establecido.


Dedicas tu vida a la música. ¿Crees que te debe algo? ¿Estáis en paz? ¿Estás en deuda? [REBÉTICO MANGAS]

Estoy y estaré toda la vida en deuda con ella. Y con los culpables en hacer canciones que me hacen ser como soy y pensar como lo hago. Bob Dylan, Vinicio Capossela, Tom Waits…
Solo puedo intentar pagar el legado de unas canciones de ese calibre intentando estar a esa altura y luchando cada día por aprender, mejorar y ser alguien que se dejó la piel entre esos artesanos de canciones. Se infravalora a la canción, como arte menor, por culpa del mercado actual, las malas propuestas, el premio a lo comercial y la búsqueda de producto, pero amigo…una buena canción es insuperable.

Valga de ejemplo el título de la canción de la pregunta, “Rebético
mangas”, como homenaje a esos “mangas”: tipos sin un duro, perseguidos por la policía, cuyo único crimen era su amor por la música y hacer grandes canciones. Casi un siglo después, esos temas son el cancionero actual e imaginario colectivo de toda una cultura, la griega.

¿Te quedas con el vuelo o con el regreso? [PASAPORTES Y DIALECTOS]

Me quedo sin duda con lo que está por venir, sin olvidar de dónde vengo.

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